NO SE DE POR VENCIDA

Les he dicho estas cosas para que se llenen de mi gozo; así es, desbordarán de gozo (Juan 15:11).

¿Alguna vez han sentido que se dan por vencidas? Yo lo he sentido, no el tipo de darse por vencida como el suicidio. Pero, si como, «no quiero levantarme de la cama porque va a ser más de lo mismo, y simplemente no quiero enfrentarlo». Así me sentí cuando fui despedida de un empleo que me gustaba mucho.

Un año después de convertirme en una más de las estadísticas de «reducción forzosa de empleo», seguía desempleada, perdí mi casa y no veía nada que yo pudiera cambiar al respecto. Lo que evitó que me rindiera fué, mirar hacia atrás y ver a través de la oración a la gente que amo y entender cuál es el mayor propósito de mi vida, para ser capaz de seguir adelante.

Mi propósito es más grande y más duradero que el título de mi profesión y mi ocupación. Cuando me di cuenta que mi propósito es llevar inspiración, información y comprensión a las personas, entonces supe que no podía rendirme. Dios me ha llamado a vivir para un propósito, y este propósito me trae alegría, a pesar de los desafíos de la vida que «llegan rápidamente». Mi alegría no vino del empleo; mi alegría proviene de mi propósito en la vida. No puedo detenerme debido a que mi empleo se detiene o mis circunstancias cambian. Confío en que Dios me guiará hacia una manera de vivir con un propósito, y seguir adelante.

Translation by Magda Velander

Lectura relacionada: “Cuando necesitas aliento,” Espacios de calma – momentos de oración para mujeres, p. 36.

Never Give Up

I have said these things to you so that my joy may be in you, and that your joy may be complete. John 15:11

Have you ever felt like giving up? Well, I have. Not the suicide kind of giving up, but the “I don’t want to get out of bed because it’s going to be more of the same, and I just don’t want to face it” kind of giving up. That is how I felt when I was laid off from a job I loved.

A year after becoming  one of the statistics of a “force reduction,” still unemployed, I lost my house. I couldn’t see how anything was going to change. But in spite of how my life looked on the outside, something inside me kept me from giving up. Looking back, I see that through prayer, the loving people in my life, and knowing the greater purpose of my life, I was able to keep going.

My purpose is bigger and more enduring than my job title or occupation. When I realized that my purpose is to bring inspiration, information, and insight to people, then I knew I could not give up. God has called me to live for a purpose, and my purpose brings me joy—despite the life challenges that “come at me fast.” My joy did not come from my employment; my joy comes from my purpose. I can’t stop because my employment stops or my circumstance changes. I trust that God provides a way for me to live my purpose. And I keep going.

Adapted from “Keep Going!” in the This Joy I Have blog by Hilda R. Davis.

Espacios-de-Calma

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