DEJAR IR Y DEJAR ACTUAR A DIOS

Pocas personas tienen la facilidad de dejar ir o dejar pasar situaciones sobre las que no se tiene control. En lo más profundo de nuestro ser sentimos que si lo hacemos, Dios puede no haber oído nuestra oración y lo que nos preocupa explotará sin nuestra intervención. Incluso, si llegamos al punto donde podemos dejar ir el problema, seguimos preocupadas por la situación. Y a medida que nos preocupamos, comenzamos a retroceder hasta que nos encontramos donde empezamos.

Muchas de nosotras hemos tenido la experiencia de dejar ir, luego nos preocupamos, y volvemos de nuevo al principio. Creo que es un patrón común para los cristianos. Queremos hacer ese salto de fe, pero siempre hay una pequeña voz interior que nos susurra lo peor: ¿Qué pasa si, después de todo, “Dios no está allí para nosotros en esta situación particular?”

Tal vez tenemos que llegar a un punto en el que nos damos cuenta que no podemos hacer nada respecto a una situación particular. Ninguna acción que tomemos va a cambiarla. Nada de lo que digamos hará la diferencia. Nos encontramos impotentes, sin fe, desesperadas.

Y después, finalmente dejamos ir. Pero piense en todo el estrés, la agitación y la angustia que hemos pasado antes de llegar a nuestro punto de desesperación. Piense en las noches sin dormir, las horas de oración, las lágrimas y la ira. ¿Cuánto mejor sería si simplemente dejamos ir la situación cuando nos enfrentamos a algo que no podemos cambiar? Únete a mí en esta oración: Dios, todo esto lo entrego a ti. Sé que no puedo hacer nada sobre esta situación, así que te pido que la tomes por mí. Amén.

Translation by Magda Velander

Lectura relacionada: “un espacio tranquilo para orar por una relación,” Espacios de calma – momentos de oración para mujeres, pp. 121-146.

Let Go and Let God

Few of us are good at letting go of the situations over which we have no control. Deep inside, we have a nagging suspicion that if we do, God may not have heard our prayer and whatever it is that is concerning us will blow up without our intervention. Even if we do reach the point of letting go, we continue to worry about the situation. And, as we worry, we begin to take everything back again until we are right back where we started.

Many of us have had the experience of letting go, worrying, and taking back. I think it’s a common pattern for Christians. We want to make that leap of faith, but there’s always a little voice inside, whispering the worst “What if” of all: “What if God isn’t there for us in this particular situation?”

Maybe we have to reach a point where we realize we can do nothing about a situation. No actions that we take are going to change it. Nothing we say will make a difference. We are powerless, hopeless—desperate.

And then we finally let go. But think of all the stress, turmoil, and heartache we’ve gone through before we reach our desperation point. Think of the sleepless nights and the hours of prayer and the tears and the anger. How much better would it be if we simply let go when we face something we can’t change? Join me in this prayer: God, I give it all to you. I know I can’t do anything about this situation, so I ask you to take it from me. Amen.

Patricia Wilson, Introduction to “Learning to Let Go and Let God.”

Espacios-de-Calma

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