DIARIO PARA TU ESPACIO SAGRADO

Imagina cómo escribir y mantener un diario puede ayudarte a mejorar la calidad del tiempo que dedicas a tu espacio sagrado y cómo puedes crear ese espacio sagrado donde quiera que vayas.

No importa nuestra edad o la etapa de la vida en la que estemos, la mayoría de nosotros anhela tener un espacio sagrado propio y de renovación. Para algunos escribir crea un espacio inviolable que trae paz interior sin importar lo que esté sucediendo. Al usar un diario puedes acceder a tu espacio sagrado donde quiera que vayas. Puedes encontrar un espacio sagrado en tu diario donde quiera que estés; en la línea de espera para recoger a tus hijos después de la escuela, esperando en la oficina del médico, durante las lecciones de música de tus hijos o en tu lugar de trabajo.

Patricia Wilson, autora de Espacios de Calma: Momentos de Oración para Mujeres (Versión disponible en español), enseña cómo encontrar tu propio espacio sagrado en un lugar ordinario. Ella menciona cultivar el “hábito de Dios”, enseñando al subconsciente de tu mente que cuando estás en tu espacio sagrado, pones todo a un lado y permites que Dios te hable. Seguir un diario puede ayudar a entrenar tu mente para enaltecer tu necesidad de un espacio divino, un lugar donde puedes desconectarte de las preocupaciones y necesidades de la vida por un momento para estar con Dios.

El primero de Tesalonicenses 5: 17, nos insta prontamente a “orar sin cesar”. ¿Cómo incorporamos la instrucción del primer siglo en nuestra vida del siglo veintiuno? Encontrar tu lugar sagrado y dándole sentido donde quiera que vayas es el primer paso. No toma mucho tiempo para que con solo estar en tu personal espacio sagrado entres en un estado de ánimo de oración. La calidad de tu tiempo llega automáticamente solo “estando” con Dios.

Tener un espacio sagrado donde puedas estar a solas con Dios no significa que tengas que cultivar un espacio sagrado tu solo. De hecho, el apoyo comunitario y los amigos que lo comparten hacen que estar en tu propio espacio sagrado sea aún más precioso.

¡Somos el cuerpo de Cristo! Cada uno de nosotros tiene una conexión distinta con Dios, pero estamos conectados entre nosotros a través de Cristo. Cuando nos reunimos con otros para orar en silencio, somos uno solo. Los efectos de esta poderosa experiencia son muy fortificantes.

Translation by Magda Velander

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Journaling as Sacred Space

Think about how writing and keeping a journal can enhance the time spent in your sacred space and how you can create a sacred space wherever you go.

No matter our age or stage of life, most of us yearn for sacred space and renewal. For some, writing creates a sacred space that offers internal peace no matter what is going on. Using a journal can give you access to your sacred space wherever you go. You can find a sacred space in your journal wherever you happen to be—in the after-school pickup car line, waiting in a doctor’s office, at your child’s music lessons, or in your workplace.

Patricia Wilson, author of Quiet Spaces: Prayer Interludes for Women teaches how to find your own sacred space in an ordinary place. She mentioned cultivating the “God Habit”—teaching your subconscious mind that when you’re in your sacred space, you’re putting everything else aside and allowing God to speak to you. Keeping a journal can help train your mind to honor your need for sacred space—a place where you can turn off life’s worries and wants for a time and be with God.

First Thessalonians 5:17 urges us to “pray without ceasing.” How do we incorporate first-century instruction into our twenty-first-century life? Finding your sacred place and cultivating a sense of that space wherever you go is the first step. It doesn’t take long before just being in your personal sacred space puts you into a prayerful state of mind. Your quality time of just being with God happens automatically.

Having a sacred space where you can be alone with God doesn’t mean you have to do the work of cultivating a sacred space alone. In fact, community support and friends who share your journey make being in your own sacred space all the more precious. We are the body of Christ! We each hold a distinct connection to God, yet we are connected with one another through Christ. When we gather with others to pray in silence, we are being alone together. The effects of this powerful experience are very nourishing.

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