EL ESPÍRITU DE DIOS NOS ESPERA EN EL SILENCIO

Los contemplativos y ermitaños de todas la épocas y religiones han buscado a Dios en el silencio, en la soledad del desierto, del bosque y de las montañas. El mismo Jesús pasó cuarenta días en el desierto y en las montañas, en comunión con el Padre durante largas horas en el silencio de la noche.

“Nosotros también somos llamados a pasar ciertos intervalos de tiempo en un silencio más profundo y en soledad con Dios; juntos como comunidad y también individualmente, podemos estar a solas con Dios, no con nuestros libros, pensamientos ni recuerdos, sino completamente despojados de todo, para morar amorosamente en su presencia, en silencio, vacíos, expectantes e inmóviles. No podemos encontrar a Dios en medio del ruido y del caos”
La Madre Teresa en “El corazón del mundo”

Sentarse en silencio no llega naturalmente para muchos de nosotros. Para empezar a explorar tiempo en silencio, empieza contabilizando un minuto sentado en una silla confortable, prestando atención solamente a tu respiración, inhalando y exhalando lentamente. La próxima vez cronometra dos minutos y así sucesivamente, hasta llegar a diez minutos. Durante una semana o dos, practica permanecer sentado en silencio durante diez minutos. Después agrega gradualmente más tiempo hasta llegar a la marca de veinte minutos. Realiza este ejercicio una o dos veces todos los días y observa si hace alguna diferencia en ti.

Traslation by Magda Velander

The Spirit of God Waits in the Silence

The contemplatives and ascetics of all ages and religions have sought God in the silence and solitude of the desert, forest, and mountains. Jesus himself spent forty days in the desert and the mountains, communing for long hours with the Father in the silence of the night.

“We too are called to withdraw at certain intervals into deeper silence and aloneness with God, together as a community as well as personally; to be alone with God—not with our books, thoughts, and memories but completely stripped of everything — to dwell lovingly in His presence, silent, empty, expectant, and motionless. We cannot find God in noise or agitation.” —Mother Teresa, In the Heart of the World

Sitting in the quiet does not come naturally to many of us. To begin exploring quiet time, try setting a timer for one minute and, sitting in a comfortable chair, focus only on your breath slowly going in and out. The next time, set the timer for two minutes and so on, until you reach 10 minutes. Practice sitting in silence for 10 minutes for a week or two. Then gradually add more time until you reach the twenty-minute mark. Do this once or twice everyday and see if it makes any difference for you.